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Creemos en la protección de los alimentos en toda la cadena de valor a través de envases más inteligentes

Si bien los alimentos son un bien de valor incalculable, casi un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano se desperdicia a lo largo de la cadena de suministro. Se calcula que, solo en 2019, 931 millones de toneladas de alimentos a disposición de los consumidores acabaron en la basura de hogares, minoristas, restaurantes y otros proveedores de alimentos.[i] Todo ello cuando el 9 % de la población mundial no tiene acceso a alimentos suficientes. No hay un motivo claro para este desperdicio: los factores van desde problemas de almacenamiento agrícola hasta falta de coordinación en el sector minorista, pasando por los hábitos de los consumidores.

Creemos que reducir los desechos evitables [ii] (es decir, alimentos que siguen siendo comestibles cuando se desechan o que lo habrían sido de haberlos consumido a tiempo) debe estar en primer plano cuando se debate sobre sistemas alimentarios. Sin embargo, es más fácil decirlo que hacerlo. Se requiere un esfuerzo conjunto para contribuir notablemente a la prevención del desperdicio de alimentos, y cada sector tiene un papel que desempeñar. Estamos convencidos de que unos envases mejores y más inteligentes son esenciales para proteger los alimentos y aumentar su vida útil, y de que desempeñan un papel esencial en la reducción del desperdicio de alimentos en toda la cadena de valor, de la granja a la mesa.

¿Dónde se desperdician alimentos?

Incluso en las primeras fases de la producción alimentaria, el desperdicio es evidente. En las prácticas agrícolas y de procesado, se generan desperdicios mediante pérdidas de cosechas, pérdidas durante el almacenamiento y productos que no satisfacen las normas del mercado mundial. Las pérdidas van creciendo hacia el final de la cadena de valor, como resultado de las actividades de venta y consumo. Según el PNUMA, el desperdicio de alimentos generado equivale a 23 millones de camiones de 40 toneladas cargados hasta los topes, es decir, aproximadamente el 17 % del total de alimentos disponibles para los consumidores. Si bien los sectores de servicios alimentarios y comercio minorista representan alrededor del 5 % y el 2 %, respectivamente, la mayor parte del desperdicio procede de los hogares, donde se desecha el 11 % del total de alimentos disponibles.

Los fabricantes de alimentos y los minoristas son los que más influyen en los envases utilizados para suministrar alimentos a los consumidores. Entre los criterios de selección que emplean estas empresas para el envasado encontramos las preferencias de los consumidores, la presentación del producto en las propias tiendas, la funcionalidad del envase y el coste del envasado.

Además, el tiempo que pasan los alimentos en los lineales o frigoríficos antes de consumirlos repercutirá en el desperdicio de alimentos. Las encuestas revelan que los consumidores rara vez o nunca utilizan los envases de forma correcta y, en la mayoría de los casos, no se utiliza plenamente la función de prolongación del tiempo de conservación del envasado de alimentos. Por ejemplo, no cerrar los envases de mermelada o queso o almacenarlos a temperaturas superiores a las recomendadas hace que el producto se deseche antes de tiempo.[iii]

¿Cómo puede ayudar un mejor envasado?

Las funciones principales del envasado de alimentos son proteger los productos alimentarios del daño y el deterioro, contener los alimentos durante el transporte y el almacenamiento y proporcionar a los consumidores información nutricional y sobre los ingredientes.[iv] La trazabilidad, la comodidad y las indicaciones de manipulación son características secundarias que están adquiriendo cada vez más importancia.[v]

La protección del producto es el factor más importante en la evaluación medioambiental de los envases. Al proporcionar protección frente a las influencias externas químicas, biológicas y físicas, el envasado retrasa el deterioro del producto, conserva las ventajas del procesado, prolonga el tiempo de conservación y también puede mantener o aumentar la calidad y la seguridad de los alimentos. De este modo, el envasado garantiza que no se desperdicien los recursos utilizados para producir alimentos ni la huella de carbono que se genera. Dada la considerable huella de carbono de la producción alimentaria, hablamos de algo crucial.

Vale la pena proteger los productos, sobre todo en el caso de los productos alimentarios con una huella de carbono elevada. Mientras que la huella de carbono de las verduras, la fruta y el pan suele oscilar entre 0,2 -2,0 kg de CO2e, se generan hasta 5-10 kg de CO2e por cada kg de pollo y cerdo, y 20-30 kg de CO2e por cada kg de vacuno.[vi] Otro aspecto es la ubicación de la producción: cuanto más lejos se transportan los alimentos desde su origen, más probabilidades hay de que se estropeen. Esto requiere un envase que proteja durante el transporte y, al mismo tiempo, ofrezca mayor tiempo de conservación para que lleguen al consumidor sin pérdidas.

Tan el 5 % de las emisiones de carbono de los sistemas alimentarios se pueden atribuir al envasado de alimentos.[vii] El beneficio medioambiental de los residuos evitados suele ser entre 5 y 10 veces superior al coste medioambiental del envasado.[viii] Si bien esta ventaja rara vez se calcula cuantitativamente, se ha demostrado que duplicar el tiempo de conservación mínimo de los alimentos puede disminuir los residuos en el sector minorista hasta en un 40 %. La ventaja de un envasado innovador queda más patente con los productos más perecederos. Por ejemplo, el envasado de vacuno en skin al vacío aumenta su tiempo de conservación de 6-7 días a 12-14 días, a diferencia de la carne que se vende en los mostradores de carnicerías. El jamón envasado para autoservicio conserva su contenido durante 3 días más que la versión envasada en la tienda. Aunque este envase es más caro, los costes resultantes del desperdicio de jamón envasado en la tienda son casi cuatro veces mayores que los costes adicionales del jamón preenvasado.[ix]

El equilibrio que debe alcanzar el envasado más inteligente de los alimentos es contenerlos de una forma rentable que satisfaga los requisitos del sector y los deseos de los consumidores, mantenga la inocuidad de los alimentos y lo haga con el mínimo impacto medioambiental. Es lo que se denomina envasado óptimo o envasado optimizado: utilizar el menor número posible de materiales sin comprometer la protección de los alimentos ni la prevención de residuos.

Hacia una mejor estrategia para reducir el desperdicio de alimentos

Para que nuestros sistemas alimentarios sean sostenibles (y garanticen nuestro futuro) es necesario reducir su impacto medioambiental. Aunque no existe ninguna solución sencilla para la gestión sostenible del desperdicio en los sistemas alimentarios, la cooperación de todos los protagonistas a lo largo de la cadena de valor alimentaria es vital para alcanzar cualquier tipo de éxito.

El envasado de alimentos forma parte integral del producto que contiene y, como tal, es una parte fundamental de la cadena de suministro del producto. La innovación continua es clave para conseguir nuevas mejoras, a saber: determinar el tiempo de conservación necesario y la correcta protección del producto, identificar oportunidades de eficiencia dentro de los complejos estándares de producción, distribución y elección del consumidor, probar, optimizar y presentar soluciones innovadoras y analizar el comportamiento del consumidor.

Nuestro objetivo es formar parte de alianzas dinámicas con nuestros clientes y proveedores, así como contribuir a una economía circular y eficiente en el uso de los recursos optimizando las operaciones, minimizando el desperdicio de alimentos y protegiendo los productos en toda la cadena de valor, de la granja a la mesa.

 

Consulta los artículos


[i] Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2021). Índice de desperdicio de alimentos 2021. Nairobi. https://www.unep.org/resources/report/unep-food-waste-index-report-2021

[ii] Existe una distinción entre los desechos evitables, que siguen siendo totalmente comestibles cuando se desechan (como trozos de pizza que han sobrado) o que habrían sido comestibles de haberlos consumido a tiempo (como pan mohoso), y los desechos inevitables (por ejemplo, partes no comestibles como huesos o peladuras, pero también partes potencialmente comestibles como las peladuras de patata).

[iii] FFG / Denkstatt: https://boku.ac.at/fileadmin/data/H03000/H81000/H81300/upload-files/Forschung/Lebensmittel/Guideline_StopWasteSaveFood_EN_220520.pdf

[iv] Coles R. 2003. Introduction. En: Coles R, McDowell D, Kirwan MJ, editores. Food packaging technology. Londres, Reino Unido: Blackwell Publishing, CRC Press. pp. 1–31

[v] Kenneth Marsh Ph.D. Betty Bugusu Ph.D. Food Packaging—Roles, Materials, and Environmental Issues https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1750-3841.2007.00301.x

[vi] Denkstatt (2020). Interne Auswertung diverser Studien und Datenbanken zum Carbon Footprint von Lebensmitteln

[vii] Poore, J. y Nemecek, T. (2018). Reducing food’s environmental impacts through producers and consumers.

[viii] Food wastage footprint and climate change: http://www.fao.org/3/bb144e/bb144e.pdf

[ix] FFG / Denkstatt: https://boku.ac.at/fileadmin/data/H03000/H81000/H81300/upload-files/Forschung/Lebensmittel/Guideline_StopWasteSaveFood_EN_220520.pdf